Día de la blasfemia

Copio de Magonia:

Hoy, 30 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Blasfemia, una jornada en la que los defensores de la libertad de expresión queremos reivindicar el derecho a las crítica de las religiones en un mundo donde los diferentes credos intentan imponer sus dictados y eludir toda crítica mediante presiones, legislaciones ad hoc y la fuerza. Blasfemia es, según el Diccionario de la RAE, la "palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos". Una definición un tanto limitada, ya que para cada religión es blasfemia la "palabra injurosa" contra su dios o dioses, pero no contra los del prójimo. Por eso, lo que para un creyente es una blasfemia -una Virgen enseñando un pecho- para otro no lo es y, para un ateo, no lo es la "palabra injuriosa" contra ningún dios. ¿Qué derecho tiene alguien a condenarme por blasfemo porque me ría de un ser para mí tan imaginario como Papa Pitufo y de quienes creen en él? Blasfemo será, en todo caso, quien crea en un dios y lo poga a caer de un burro, pero nunca un no-creyente.

El Día Internacional de la Blasfemia se celebra hoy en conmemoración de uno de los episodios más vergonzosos que hemos vivido recientemente en Occidente de sumisión al fanatismo religioso, que está en el origen, no lo olvidemos, de ataques terroristas como el 11-S y el 11-M. Me refiero a la publicación el 30 de septiembre de 2005 de unas caricaturas de Mahoma por parte del periódico danés Jyllands-Posten, que se tradujo en una salvaje campaña represora por parte del mundo islámico y el sometimiento de algunos políticos occidentales a los dictados de Alá. José Luis Rodríguez Zapatero firmó, por ejemplo, una carta con el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, censurando la publicación las caricaturas y diciendo que su aparición en un medio de comunicación "puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político". Así respondió nuestro presidente del Gobierno a las amenazas de muerte contra Kurt Westergaard, autor del dibujo de Mahoma con un turbante-bomba, y a las manifestaciones violentas de los islamistas. Lamentablemente, no hay nada que nos lleve a pensar que el inquilino de La Moncloa haya cambiado de opinión, y la Europa de la Ilustración no se acabe al norte de los Pirineos.

Más recientemente, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó el 26 de marzo, por iniciativa de Pakistán, la resolución 62/154 contra la difamación religiosa, que compara ésta con la incitación al odio y "subraya la necesidad de combatirla", en especial cuando el blanco es el Islam y los musulmanes. Javier Solana, jefe de Exteriores de la Unión Europea, apoyó expresamente en su día que los países islámicos presentaran una propuesta en este sentido ante la ONU. Algo chocante por lo estúpido del asunto, ya que, como ha subrayado recientemente el filósofo Massimo Pigliucci, "todos los creyentes religiosos incurren constantemente en blasfemia hacia todos los dioses en los que no creen. Podría pensarse que esta simple observación pone término a cualquier cháchara estúpida a cerca de legislar la blasfemia, pero estaríamos en un error espectacular. Una reciente lista de leyes sobre la blasfemia deja claro que no se encuentra sólo en los lugares obvios, Irán, Pakistán, Arabia Saudí y otras naciones igualmente poco ilustradas, sino también en la mayor parte de los países europeos, Canadá, y varios estados de EE UU".

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